Les confieso que El tiempo apremia no tenía la intención de dar claridad total sobre el problema que este blog intenta abordar. Simplemente pretendía -el blog- introducirnos al análisis de un fenómeno particular, relacionado con la pérdida de protagonismo de la Ciudad de Barranquilla en el marco del desarrollo regional, pero sobre todo del desarrollo nacional.
Y la pregunta no podría faltar: ¿Quién es el culpable? E inmediatamente le achacamos nuestros males al otro. ¿Quién es el otro? Como lo sostuve anteriormente...el rolo y el paisa. Hablando con una de mis cuatro tías, me decia: Yo no creo que “nos hayamos “pordebajeado”, pienso que "nos siguen pordebajeando, los paisas , los rolos, los santandereanos , todos”!!! para ellos somos unos folclóricos con camisas de flores que cargamos el mastrodonte musical al hombro pues solo nos interesa escuchar música”...
Como es natural, tendemos a asignarle nuestras desgracias al otro, con el propósito de disminuir los niveles de traumatismo o de frustracion. Pero, como lo sostuvo Diego Marín en su columna de los sábados en el Heraldo (en adelante lo que este en comillas es tomado de esta columna. No pagué derechos de autor)... “el culpable del atraso endémico, el que vive en un estado de minusvalía mental y urbana, es ese ser corroncho que tanto hemos celebrado”... Si. Porque en Barranquilla “llevamos un siglo entero celebrando el ser corroncho”.
Esa condición de inferioridad cultural, que denunciaba este blog en El tiempo apremia, se debe a la generalizada confusión, producto de una mente poco letrada, miope y en especial provinciana -el ser provinciano es una condición mental, no territorial- de que “ser corroncho y Caribe es exactamente lo mismo”.
Barranquilla dejó de ser, reitero, sinónimo de innovación, de alta calidad intelectual y de súblimes expresiones políticas republicanas, alejadas de agitaciones partidistas, electoreras y mesianicas, porque perdió “los referentes de altura, que son los que sirven de guía espiritual a toda sociedad”.
Barranquilla dejó de ser lugar de reunión de un García Marquez, un Cepeda Samudio, un Obrego, de un Fuenmayor, de un Vargas, una Cecilia Porras, un Próspero Morales, etcétera; máximas expresiones de la Barranquilla cosmopolita, de la Barranquilla caribeña, de la Barranquilla universal...de la Puerta de Oro de Colombia; Puerta que nos hemos empecinado en cerrar...Puerta de Oro que en lo mínimo podría ser catalogada como “el mejor vividero del mundo”, entre otras, porque le dio la espalda a su identidad, a su esencia, al equilibrio mágico que representa el río y el mar.
Ya sabemos, entonces, que eligió por muchos años Barranquilla. Y hoy...¿qué ciudad queremos construir? “La respuesta está en ti y en mí, para que tengamos, por fin, una segunda oportunidad sobre la tierra". El tiempo apremia.
lunes, 14 de diciembre de 2009
sábado, 5 de diciembre de 2009
El tiempo apremia
Con la puntualidad, que para nada caracteriza el servicio de transporte aéreo colombiano –y eso que el origen de éste es colombo-alemán- arribé a la ciudad de Barranquilla el 3 de diciembre, en horas de la noche. Sin embargo, desde el mismo momento que tome mi silla, la 28B, la verdad, como creían los griegos, se reveló ante mis ojos: películas, series de televisión, novelas, noticieros, juegos, etcétera.
No era un bus intermunicipal con películas repetidas. No. Estaba viajando en la última adquisición de la otrora aerolínea barranquillera, Avianca. ¿Otrora?..Si, porque desde hace algunos años, Avianca no representa, ni tendría porque hacerlo, alguna suerte de símbolo de identidad o de significado costeño, en especial barranquillero.
He allí el problema. No es nuestra. En el imaginario colectivo barranquillero, AVIANCA no quiere decir más de lo que puede significarle a una persona que viva en Oporapa, Sibundoy, Mitú, Puerto Inirida o Puerto Carreño, de contado que es posible el hecho de que para los pobladores de estas regiones dicha aerolínea no represente algo.
Quisiera hoy, con la alegría que me da saberme hijo de estas exquisitas tierras barranquilleras, empezar a dar cuenta de un gravísimo problema; el olvido, evasivo o selectivo -al fin y al cabo olvido- de nuestra identidad, de nuestra tradición, de nuestra esencia; en últimas, de nuestro sentido y nuestra razón de ser como comunidad costeña, caribeña por lo demás, sinónimo de mestizaje racial y cultural.
Este olvido esta íntimamente relacionado con una necesaria condición de inferioridad cultural, expresada en el hecho de que aceptamos al paisa y al rolo como superiores a nosotros.
Es así, entonces, como la única causa de haber dejado de ser epicentro de comercio, de negocios, de desarrollo industrial, de intelectualidad, de desarrollo arquitectónico, de innovación tecnológica, de alianzas políticas regionales supra-partidistas –La Liga Costeña de 1919-…somos nosotros.
El cachaco y el paisa, siguiendo a mi compañero Tomas Molina, “simplemente se ha aprovechado de nuestra bajeza”. Es hora de cambiar. El tiempo apremia.
No era un bus intermunicipal con películas repetidas. No. Estaba viajando en la última adquisición de la otrora aerolínea barranquillera, Avianca. ¿Otrora?..Si, porque desde hace algunos años, Avianca no representa, ni tendría porque hacerlo, alguna suerte de símbolo de identidad o de significado costeño, en especial barranquillero.
He allí el problema. No es nuestra. En el imaginario colectivo barranquillero, AVIANCA no quiere decir más de lo que puede significarle a una persona que viva en Oporapa, Sibundoy, Mitú, Puerto Inirida o Puerto Carreño, de contado que es posible el hecho de que para los pobladores de estas regiones dicha aerolínea no represente algo.
Quisiera hoy, con la alegría que me da saberme hijo de estas exquisitas tierras barranquilleras, empezar a dar cuenta de un gravísimo problema; el olvido, evasivo o selectivo -al fin y al cabo olvido- de nuestra identidad, de nuestra tradición, de nuestra esencia; en últimas, de nuestro sentido y nuestra razón de ser como comunidad costeña, caribeña por lo demás, sinónimo de mestizaje racial y cultural.
Este olvido esta íntimamente relacionado con una necesaria condición de inferioridad cultural, expresada en el hecho de que aceptamos al paisa y al rolo como superiores a nosotros.
Es así, entonces, como la única causa de haber dejado de ser epicentro de comercio, de negocios, de desarrollo industrial, de intelectualidad, de desarrollo arquitectónico, de innovación tecnológica, de alianzas políticas regionales supra-partidistas –La Liga Costeña de 1919-…somos nosotros.
El cachaco y el paisa, siguiendo a mi compañero Tomas Molina, “simplemente se ha aprovechado de nuestra bajeza”. Es hora de cambiar. El tiempo apremia.
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